mujer

Día Internacional de la Mujer. Sobre correas, paseos, parejas y este mundo loco.

Hoy es una jornada de reflexión, como lo fue ayer, como debería ser mañana y casi todos los días del año porque siempre hay problemas a los que dedicarnos ya sea la mujer, la inmigración, la pobreza, las elecciones o cualquier otra miseria inventada por nosotros. Y claro, además de reflexionar no estaría mal pasar a la acción de vez en cuando y poner en practica los buenos deseos.

El lema de este año gira entorno a la inversión que debería hacerse en la mujer y en las niñas, pero podría ser otro. Hay todavía muchas cosas por hacer. Lo cierto es que pasan los años y una, llegada esta jornada, ya no sabe qué más añadir a lo que siempre piensa, dice o apoya durante el resto del año. Total, y para desgracia nuestra, apenas hay que variar el discurso de un año a otro pues las cosas no cambian tan rápido como desearíamos, una pena; otra meta por la que seguir luchando. Hay que decir, no sin cierto toque de ironía, que acostumbrados como estamos a tener que derrumbar paredes por cada cosa que consideramos justa terminaremos por sentirnos completamente vacíos el día que no haya paredes que derruir. Quizás ni siquiera estamos preparados para esa utopía.

El caso es que cuando pienso en invertir en la mujer y en las niñas una de las primeras cosas que me viene a la mente —como por acto reflejo— es la educación e, inevitablemente, no puedo dejar de relacionar esto con una noticia ocurrida por estos lares hace unos días. El tema principal versa sobre si los protagonistas han sido discriminados gratuitamente en el autobús por su estética (que espero no haya sido así a estas alturas del siglo), pero lo que realmente llama la atención de esta singular pareja es el «collar» que rodea el cuello de la muchacha y que, todo hay que decirlo, luce tan orgullosa.